domingo, 9 de enero de 2011

Los cojones del Tercio de Castelnuovo

Somos muy dados a regodearnos en nuestros fracasos, pero la verdad es que nadie fracasa con tanto estilo y bravura como los españoles, y si no que se lo pregunten a los numantinos o a los zaragozanos. Lo nuestro es lo de "vas a ganar, pero tu te vienes conmigo al otro barrio". Esta historia es una más de soldados bravos y duros como la madre que les parió, de Tercios que hacían cagarse al resto del mundo con tan sólo oír su nombre, el "dedo de Dios", la milenaria infantería, que se ganó su reputación a costa de sangre derrochada con honor.


Contexto Histórico

Los hechos que vamos a referir ocurrieron durante el reinado de Carlos I, y más concretamente entre los años 1538 y 1539.

Desde que Carlos I fue proclamado Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, dos de los más graves problemas con los que tuvo que enfrentarse, fueron la hostilidad del rey de Francia, Francisco I, con el que sostuvo varias guerras por la hegemonía de Europa, y la constante amenaza del poderío turco representado por su emperador Soleiman el Magnifico, enemigo acérrimo de la Cristiandad de la que Carlos I se había convertido en su mayor paladín.

Como consecuencia de ambos problemas, el monarca español se vio obligado a concertar diversas alianzas para hacer frente a la amenaza que uno y otro representaban. Una de estas alianzas fue la que estableció con el papa Paulo III, la República de Venencia y Fernando I, hermano del Emperador.

La unión de estas tres potencias con Carlos I, recibió el nombre de Santa Liga y se trataba de una alianza ofensiva-defensiva, cuyo objetivo era no sólo detener el avance turco hacia el centro y sur de Europa, sino la conquista de la misma Constantinopla.

En los documentos firmados para sellar dicha alianza, además de otros detalles, se especificaban las fuerzas militares con las que las partes contribuirían. El Emperador lo haría con 82 galeras, Venecia con otras 82 y el Papa con 36, lo que hacía un total de 200 galeras; pero además entre los tres componentes mencionados deberían aportar 100 naves auxiliares de transporte. En cuanto a las tropas se estipulaba la reunión de 50.000 infantes y 4.500 caballos, así como la suficiente artillería de sitio y todos los pertrechos de guerra necesarios para tal ejército.

Por su parte, a Fernando se le asignó la misión de hostigar a los turcos por tierra, pues hay que recordar que el hermano del Emperador era Rey de Romanos y de Hungría; por tanto su reino formaba frontera terrestre con las posesiones de Soleiman en Europa.

Las negociaciones de los futuros aliados tardaron bastante tiempo en consolidarse y aunque finalmente se firmaron los tratados de alianza en 1538; lo cierto es que en los meses de verano del mismo año se pudo constatar que la Santa Liga no contaba más que con 131 galeras y de unos 15 a 16 mil soldados, la mayoría de ellos españoles de los que habían participado en anteriores campañas bélicas. Estos efectivos militares resultaban escasos para conseguir los objetivos propuestos de dominio del mar y la conquista de Constantinopla; sobre todo porque aunque la armada turca contaba de momento sólo con 130 galeras, en cualquier momento podía disponer de un número mucho mayor, además tripuladas por unas fuerzas militares perfectamente instruidas para esta clase de combates y con una disciplina extraordinaria, lo que hacía temibles algunos de sus cuerpos especiales como el de los célebres jenízaros.

También hubo problemas en cuanto al mando de las fuerzas marítimas y terrestres de la Liga, pues los cuatro jefes que debían mandarlas no se ponían de acuerdo. En teoría, Andrea Doria, marino genovés al servicio de España, debía tener el mando supremo naval, pero el citado almirante sólo disponía de unas 49 galeras, mientras que el almirante veneciano Capelo contaba con 55 y Grimaldi mandaba las 27 del papa; por tanto entre estos dos últimos reunían un número muy superior al de Andrea Doria, así pues el mando de éste era más ficticio que real.

El cuarto jefe militar era el virrey de Sicilia Ferrante Gonzaga, que asumiría el mando de las operaciones terrestres, al parecer sin grandes inconvenientes.

Pero hemos de resaltar esta falta de unidad en el mando conjunto de la Liga, pues esto sería una de las causas fundamentales de su fracaso y de su disolución antes de tiempo.

El ataque al Turco

Pese a todos los inconvenientes, la marina reunida por la expresada alianza entró en acción y estuvo a punto de conseguir una resonante victoria, pues la escuadra cristiana había conseguido encerrar a la turca en el golfo de Artá; pero de un modo que resulta incomprensible para los historiadores, el almirante turco Barbarroja consiguió sacar a su escuadra de aquella ratonera casi sin sufrir daño alguno.

En definitiva, el resultado de la falta de un mando único y sin discusión fue la pérdida de una oportunidad de oro para destruir el poderío marítimo del imperio turco, que tantos quebraderos de cabeza les estaba produciendo al Emperador y después se los produciría a su hijo Felipe II hasta la batalla de Lepanto.

Lo único positivo que se logró sacar, si se puede considerar esto positivo a tenor de lo que ocurrió después, fue la toma de CASTELNUOVO.

Se trataba de una plaza fuerte situada en la costa dálmata del Mar Adriático, relativamente cercana a la ciudad de Ragusa y entre ésta y el golfo de Cattaro. Es una zona costera muy abrupta debido a que cercana a ella discurren diversos tramos de la cordillera de los Alpes Dináricos, con alturas como las del monte Dormitor de 2.522 metros, en la actual República de Montenegro.

Dicha fortaleza estaba bien defendida por tropas turcas, que la consideraban como un bastión defensivo de sus posesiones en aquella costa; pero fue atacada y conquistada por fuerzas de la Santa Liga, especialmente españolas y venecianas.

Según lo convenido en los acuerdos firmados para constituir la Santa Liga se reconocía el interés de Venecia por conseguir el control del Adriático, que resultaba vital para su comercio en dicho Mar y en el que además tenía bajo su protección la pequeña ciudad-estado de Cattaro; por tanto los venecianos reclamaron que la mencionada fortaleza pasara a ser ocupada por ellos; pero el Emperador con sus consejeros decidieron que el lugar quedara guarnecido por tropas de los viejos tercios españoles.

Venecia, por supuesto, protestó del incumplimiento de lo pactado y esto lo tomó como pretexto para que a partir de entonces abandonase la Liga.

Teniendo en cuanta todas estas circunstancias, los historiadores se preguntan ¿Por qué quería el Emperador conservar dicha fortaleza, que tan alejada estaba de España y, por tanto, lo difícil y costoso que podría resultar su apoyo logístico para conservarla en un buen estado de defensa?

Se ha barajado la posibilidad de que la mencionada fortaleza entrara en la estrategia general del Emperador, de un ataque contra el Imperio turco, mediante la acción combinada de las fuerzas navales que actuarían directamente sobre Constantinopla y las fuerzas terrestres que partiendo de los territorios del hermano del Emperador y con la colaboración de las fuerzas concentradas en Castelnuovo convergieran por tierra hacía el mismo lugar.

Pero en realidad la suerte de los defensores del mencionado castillo dependía casi por completo de la continuación o no de la Santa Liga; si ésta se disolvía, la guarnición y la propia fortaleza quedaban en inminente peligro de caer en poder de los turcos si, por el contrario, la expresada alianza se mantenía, el peligro se minimizaba bastante. Sin embargo, la Santa Liga se deshizo en la práctica; ya que Venecia consideraba más beneficioso para sus intereses económicos establecer nuevos pactos con Soleimán el Magnifico, el cual ya había expresado su deseo de reconquistar Castelnuovo con objeto de demostrar su gran poderío en el Este de Europa.

Así pues, tanto el Emperador Carlos V, como sus consejeros tenían conciencia clara de que era necesario abandonar la citada fortaleza, pues de lo contrario podría convertirse en un sacrificio total y estéril de su guarnición. En consecuencia, la suerte de los soldados del tercio viejo de Sarmiento estaba echada, pues una vez disuelta la Santa Liga, las 49 galeras con las que contaba Andrea Doria, resultaban una escasa fuerza naval para hacer frente a las 130 y 70 galeotas de las que disponía el almirante turco Barbarroja; que además llevaba embarcado en dichas naves unos 20.000 soldados de los mejores del ejército otomano. Por tanto, el almirante genovés comprendió que ante una desproporción tan abrumadora no tenía ninguna posibilidad de acudir en auxilio de la guarnición de Castelnuovo; que había sido sitiado por mar por la escuadra que se acaba de indicar, mientras que por tierra, la habían rodeado tropas terrestres al mando de Ulema, gobernador turco de Bosnia, que había reunido un número aproximado de 30.000 soldados.

Los defensores del expresado castillo los constituían unos 3.000 hombres, según el historiador Modesto Lafuente, 2.500, según Laiglesia y de 4.000 a 4.500, según Manuel Fernández Álvarez.

Nosotros nos inclinamos por las últimas cifras, pues el citado historiador además de ser una de las mayores autoridades en el conocimiento del reinado del Emperador Carlos V, maneja normalmente una muy fidedigna información, basada fundamentalmente en documentación de archivos españoles y extranjeros. Por tanto, nos quedamos con el dato que en el castillo había entre 4.000 y 4.500 hombres a mediados del mes de julio de 1539.

Pero esta guarnición tuvo problemas de abastecimiento casi desde un principio, pues si bien la escuadra aliada le había dejado una cierta cantidad de provisiones, en general, para su mantenimiento, dependía de las poblaciones de la zona, especialmente en la relacionado con alimentos frescos y la carne; para lo cual se confiaba en que la facilitarían ciudades como Ragusa y Cattaro, así como otros pueblos más cercanos a la mencionada fortificación, pero las esperanzas de recibir dichos suministros no se cumplieron, posiblemente por el miedo que producía el enorme ejército turco o también porque las poblaciones próximas al castillo consideraban un peligro que estuviera ocupado por tropas del Emperador.

El resultado fue que la guarnición se encontró sola y sin posibilidad de recibir aprovisionamiento de ninguna clase.

Abandonados a su suerte

Parece ser que en los primeros momentos, los turcos estuvieron ocupados en ir estrechando el cerco sobre la plaza con objeto de impedir a sus defensores que pudieran recibir socorro por ningún sitio.

Después buscaron asentamientos para emplazar ventajosamente su potente artillería de sitio en lugares estratégicos desde los cuales poder batir sin apenas oposición las defensas del castillo.

Terminados estos preparativos, el jefe de las tropas turcas dio la orden de atacar, pero durante varios días los soldados españoles dieron muestras una vez más de su extraordinaria capacidad de combate y rechazaron los numerosos ataques de los turcos. Entonces, viendo Barbarroja el estrago que la acción de los defensores causaba en sus tropas decidió, primero pedir a Sarmiento que le entregara la plaza ofreciéndole unas condiciones muy honrosas; mas el jefe español, después de consultar con sus capitanes y soldados, se negó a hacerlo. Ante tal negativa, el almirante turco ordenó ejecutar un terrible fuego artillero de todas sus piezas sobre Castelnuovo que duró varios días, quedando arrasado por completo todo el sistema defensivo del mismo. Sin embargo, a pesar de tan graves daños causados en la infraestructura defensiva y al gran número de bajas causadas a los soldados de la guarnición por el bombardeo de la artillería enemiga, los pocos que quedaron vivos aún le causaron mucho daño al ejército turco que tuvo que emplearse a fondo para reducir a aquel puñado de valientes soldados españoles; pero sólo lo lograron después de haber muerto la mayor parte de ellos y sus principales mandos.

Sarmiento y sus capitanes, luchando unos al lado de otros, sucumbieron ante el inmenso número de enemigos que le atacaban, pero no antes de haber sembrado de cadáveres de soldados turcos los alrededores del lugar donde se produjo la lucha final de estos héroes, genuinos representantes de las más altas virtudes castrenses del soldado español.

Según los historiadores que hemos consultado, casi todos los soldados de la guarnición murieron defendiendo el castillo, otros fueron ejecutados allí mismo a manos de los turcos y el resto fueron llevados prisioneros a Constantinopla como botín de guerra.

Es posible que su sacrificio fuera estéril, pero con su comportamiento dieron un ejemplo más al mundo de lo que es el cumplimiento del deber, el amor a la patria, el honor del militar, que prefiere morir antes que abandonar una fortaleza que se le ha confiado para defenderla hasta la muerte.

Sería exagerado por nuestra parte comparar esta extraordinaria gesta con el holocausto de Numancia o Sagunto, pero hay que reconocer que existe una cierta similitud entre ambos acontecimientos; pues en los tres casos se manifestó la más indomable bravura y la más extraordinaria manifestación del sacrificio y heroísmo como valores eternos propios de los hombres y mujeres de todos los tiempos del pueblo español.

Autor desconocido (por mí, se agradecería información al respecto)

3 comentarios:

  1. Tremenda hazaña, y difícil de encontrar una narración definitiva, pues los textos se balancean entre cifras.

    Se han dado cifras infladas sobre la Santa Liga (resultaron ser 131 galeras y 16.000 soldados, cifras bastante más bajas de las estimaciones primeras). Fernández Álvarez dice que en Castelnuovo había 15 banderas (4.000 hombres), que Ferrante Gonzaga cifró en 3.500 hombres (probablemente debido a que no se hallaban completas las compañías).

    Algunos de los bravos soldados de Castelnuovo, por cierto, lograron romper el cerco turco y escapar unidos a la República de Ragusa. En otros relatos (datos no confirmados) he leído que algunos de los presos que fueron esclavizados y llevados a Constantinopla lograron escapar unos años más tarde, aunque no sé qué habrá de cierto en esas referencias.

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  2. No suele ser fácil esclarecer cifras más allá de la revolución industrial, ni siquiera en la muy organizada monarquía hispánica. En este caso me inclino más por la cifra que da Ferrante Gonzaga, puesto que rara vez se encontraban banderas al tope de su capacidad, y se da la circunstancia de que algunos capitanes "retrasaban" la muerte administrativa de sus hombres para cobrar su soldada un tiempo más.

    La ruptura del cerco de Castelnuovo si que es una noticia nueva para mí. ¿Podrías indicarme algún sitio para ampliar la información? Creo que esos valientes se merecen, al menos, una reseña por su hazaña.

    En cuanto a los presos de Constantinopla, te confirmo que fueron unos treinta que, condenados en una galera turca, fueron rescatados por barcos españoles años después, y que su rescate y la narración de sus hazañas fueron sensación en la época. Y creo que también se merecerían una reseña, al menos por sobrevivir.

    Un saludo.

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  3. POR ESPAÑA.
    Y el que quiera defenderla
    honrado muera.
    Y el que traidor la abandone
    no tenga quién le perdone,
    Ni en tierra santa cobijo,
    Ni una cruz en sus despojos
    Ni las manos de un buen hijo
    para cerrarle los ojos.

    "Brindis de don Diego de Acuña"
    Ignoro si es historia o ficción, pero retrata muy bien a los Tercios Españoles, Viejos, de Flandes... los formados por españoles, más aquellos no españoles que se les unían para luchar y/o morir de la misma manera.
    ¡¡Ah!!, solamente soy un humilde aficionado a nuestra Historia, pero harto de críticas, de chuflas contadas por ignorantes que no saben distinguir entre guerra de Secesión y guerra de Sucesión.
    Anoto la página en "favoritos".
    Gracias


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