viernes, 23 de septiembre de 2011

El diplomático que desafió a Hitler: Ángel Sanz-Briz

Mucha gente conoce la historia del empresario alemán Schindler que salvó a 1.200 judíos del Holocausto, en gran medida gracias a la película de Spielberg protagonizada por Liam Neeson. Pues bien, Ángel Sanz-Briz, encargado de negocios de la embajada española en Budapest, salvó a más de cinco mil judíos en las narices del mismísimo Adolf Eichmann, que había sido enviado por Hitler en persona para supervisar el exterminio de los 800.000 judíos húngaros. ¿Cómo lo hizo? Ahora mismo lo veremos.



Ángel, el diplomático

La vida de Ángel Sanz-Briz estuvo marcada, como por todas las de la época, por la Guerra Civil. Ángel era un diplomático de vocación, este zaragozano logró su ingreso en la Escuela Diplomática tras licenciarse en derecho, donde fue sorprendido por la contienda. No lo dudó, pues era un hombre que, tomada una decisión, la seguía hasta sus últimas consecuencias; se ofreció como soldado voluntario en el ejército nacional, participando en la guerra hasta el final de la misma.

Tras la guerra, Ángel pudo volcarse ya en lo que sería su vocación, logró terminar sus estudios y ser mandado a El Cairo en lo que sería su primer destino como diplomático. En 1942, cumplidos los 32 años y poco después de casarse con la que sería su esposa hasta la muerte, Adela Quijano, fue destinado a Hungría, un estado aliado de los alemanes pero que no participaba, en ese entonces, de las atroces técnicas de exterminio nazis.

Pero lo que prometía ser un destino tranquilo en un estado aliado y alejado de los combates se convirtió en la prueba más dura para la determinación del futuro Ángel de Budapest.

El Ángel de Budapest

En marzo de 1944, las fuerzas de la Wehrmacht entraron en Hungría y tomaron el control del país, ante la exasperación de las pocas tropas húngaras que no pudieron hacer nada por impedirlo. Inmediatamente la maquinaria nazi entró en acción: la boyante comunidad judía de Hungría se vio de pronto asediada y perseguida por Adolf Eichmann en persona, mano ejecutora de la temida Solución Final. Más de 565.000 judíos, entre naturales y refugiados del resto de Europa, fueron llevados a los campos de concentración, donde gran parte pereció.

Ante ese horror, Ángel decidió no permanecer impasible. Se aprovechó de su cargo como agregado comercial de la embajada española y de la posición de neutralidad que España mantenía frente a Hitler para empezar a salvar a judíos de la maquinaria de muerte. Según sus propias palabras:
"Conseguí que el Gobierno húngaro autorizase la protección por parte de España de 200 judíos sefardíes (...) Después la labor fue relativamente fácil, las 200 unidades que me habían sido concedidas las convertí en 200 familias; y las 200 familias se multiplicaron indefinidamente, con el simple procedimiento de no expedir salvoconducto o pasaporte alguno a favor de los judíos que llevase un número superior al 200".
Es decir, que se aprovechó de una antigua ley ya abolida, por la cual los sefardíes tenían derecho a solicitar la ciudadanía española, consiguió que el gobierno húngaro le concediese un limitado número de pasaportes y se dedicó a salvar a todos los judíos que pudo, fuesen o no sefardíes.

Pero su audacia no terminó en expedirles pasaportes, sino que alquiló hasta cuatro edificios cercanos y les colocó el cartel de "Anexo a la Delegación Española", por lo que se convirtieron en lugares extraterritoriales, y guarneció en ellos a todos los judíos que pudo, así como en la misma embajada, donde encontraron cobijo un sin número de familias antes de ser evacuadas del país.

Arriesgó mucho, pese a la protección diplomática de la que gozaba: llegó a parar en persona trenes con destinos tan funestos como Auschwitz o Birkenau para sacar de allí a judíos que ya tenían sus pasaportes españoles. En otra ocasión uno de los edificios utilizados como refugio improvisado fue amenazado por las milicias húngaras, lo que forzó la precipitada evacuación de más de 300 refugiados. Al parecer Sanz-Briz hizo llegar ayuda material para los húngaros Transilvanos y de Bessarabia que estaban siendo encarcelados por la Unión Soviética, lo que le granjeó la amistad del jefe de la división provincial, que no dudó en interceder cuando los judíos de Ángel eran atrapados por las milicias húngaras. Al final logró salvar la vida de 5.200 personas.

Sin embargo, el avance de las fuerzas soviéticas hacia Hungría hizo peligrar toda la labor de Sanz-Briz, puesto que el gobierno español había decretado la retirada de todo el personal diplomático a Suiza. En esa circunstancia Ángel se vio forzado a abandonar Budapest, pero no sin antes dejar a un colaborador suyo, Giorgio Perlasca, encargado de los judíos. Perlasca era un ciudadano honorífico español que participó en la Guerra Civil. Falsificó unos papeles y se presentó como el embajador español (sin serlo), manteniendo a salvo a todos los judíos que pudo hasta la llegada de los Rusos en 1945 [1].

Tras Budapest

Terminada la guerra, Ángel siguió con su carrera diplomática acompañado por su mujer y sus hijas. El gobierno español reconoció su valía, puesto que le enviaron a destinos de cada vez más categoría. Fue enviado a San Francisco y Washington, Lima, Berna, Bayona, Guatemala, La Haya, Bruselas y, en 1973, a Pekín (Siendo el primer embajador español en China). Su último destino fue en la embajada frente a la Santa Sede, en Roma, una de las embajadas con mayor prestigio de todas, donde, en junio de 1980, falleció.

En 1991 fue reconocido por el Museo del Holocausto de Israel como "Justo entre las Naciones", un título reservado a los no judíos distinguidos por sus virtudes en relación a Israel y a su ley. Hay una plaza en Zaragoza dedicada a él, y ha sido objeto de varios homenajes y reconocimientos, ninguno de los cuales se le otorgó en vida (recibió, de parte del gobierno húngaro, la Cruz de la Orden del Mérito de la República Húngara, y hoy en día su nombre aparece el segundo en una placa dedicada a los benefactores de los judíos en la sinagoga de Budapest).

En España poco se ha recordado a este héroe olvidado, apenas una emisión de un sello de correos (fue el primer diplomático en figurar en uno) y una placa en el portal de su casa en Madrid. Ángel Sanz-Briz es un nombre que ningún español debería olvidar. Al final de su exitosa carrera admitió que "lo que tuve el privilegio de hacer en Budapest fue lo más importante que he hecho en mi vida".

Los otros Ángeles

Sanz-Briz no fue ni el único español ni el único diplomático en salvar a judíos durante el Holocausto. Desde el ya mencionado Oskar Schindler hasta el diplomático portugués Aristides de Sousa Mendes, que emitió más de 30.000 visados a minorías perseguidas por los nazis (acto que le costó la carrera, muriendo pobre y loco en 1954) pasando por el gobierno danés, que refugió a la mayoría de sus judíos en Suecia, o la presión del parlamento búlgaro, que evitó que los suyos fuesen deportados, ha habido muchos otros que han de ser nombrados.

Eduardo Propper de Callejón salvó, desde su puesto en la embajada francesa en Vichy, a varios miles de judíos. Su compañero Bernardo Rolland de Miota, cónsul general de España en París, intercedió por 14 judíos españoles enviados al campo de Drancy y organizó la repatriación de otros 77 sefardíes, generando fuertes tensiones entre el gobierno de Vichy y el embajador español. José Rojas Moreno, diplomático en Bucarest (Rumanía), revocó la orden de expulsión de un grupo de judíos sefarditas y consiguió mantenerlos en la ciudad. Sebastián Romero Radigales, cónsul General de España en Atenas, libró a más de 150 sefardíes de los campos de exterminio y los llevó al África española. Juan Schwartz Díaz-Flores, Cónsul de España en Viena y José Ruiz Santaella, agregado de la embajada en Berlín, también salvaron a los judíos que pudieron.

El predecesor de Sanz-Briz en Budapest, Miguel Ángel de Muguiro, en colaboración con  Raoul Wallenberg (diplomático sueco), sacó a 500 niños destinados a la cámara de gas y los llevó directamente a Tánger, pese a que le costase el cargo. Julio Palencia Tubau se enfrentó desde su puesto de embajador en Sofía a Bulgaria a causa de sus leyes antisemitas, intercedió por los derechos y bienes de 150 sefardíes frente a los gobiernos búlgaro y alemán y trató de salvar la vida al judío León Airé, fracasando. No obstante adoptó a sus hijos y los cuidó para que pudieran reunirse más tarde con su madre.

La labor olvidada

Toda esta relación demuestra que muchos de los diplomáticos españoles colaboraron activamente para salvar a todos los judíos que pudieron, arriesgando incluso sus cargos y vidas. En contra de lo que siempre se ha supuesto, la intensa actividad salvadora de la diplomacia española no fue, de ninguna manera, espontánea. El régimen de Franco logró mantener una precaria neutralidad frente a las potencias del eje y, conociendo la labor genocida del mismo, lanzó todos los recursos que pudo para salvar a tantos como permitieron las circunstancias. Según el filósofo e historiador alemán Patrik von zur Mühlen "España hizo posible que más de 50.000 disidentes y judíos escaparan de los nazis".

La ONG judía The American Sephardi, publicó un artículo con motivo del fallecimiento de Franco en 1975, que empieza con estas palabras:
"El Generalísimo Francisco Franco, Jefe del Estado español, falleció el 20 de noviembre de 1975. Al margen de cómo le juzgará la Historia, lo que sí es seguro  que en la historia judía ocupará un puesto especial. En contraste con Inglaterra, que cerró las fronteras de Palestina a los judíos que huían del nazismo y la destrucción, y en contraste con la democrática Suiza que devolvió al terror nazi a los judíos que llegaron llamando a sus puertas buscando ayuda, España abrió su frontera con la Francia ocupada, admitiendo a todos los refugiados, sin distinción de religión o raza. El profesor Haim Avni, de la Universidad Hebrea, que ha dedicado años a estudiar el tema, ha llegado a la conclusión de que se lograron salvar un total de por lo menos 40.000 judíos, vidas que se salvaron de ir a las cámaras de gas alemanas, bien directamente a través de intervenciones españolas de sus representantes diplomáticos, o gracias a haber abierto España sus fronteras".

Es, por tanto, un deber reconocer la labor de España en la salvación de tantos judíos del Holocausto nacional socialista, un esfuerzo que en gran medida cayó en manos de hombres como el Ángel de Budapest. Al final, la historia acaba poniendo a cada uno donde corresponde. Y como último apunte, no deja de ser curioso que, quién con tanto ahínco habló contra la conspiración judeo-masónica, no tuviese reparos en salvar a tantos judíos de su supuesto aliado, cuando nada tenía que ganar con ello, y sí mucho que perder.

Por Fëanar

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[1] Perlasca tuvo también una historia que merece ser contada. De joven era católico y simpatizante del fascismo, y durante la guerra civil española se alistó como voluntario en el ejército nacional tras enterarse de las quemas de iglesias perpetradas por el Frente Popular. La alianza de Italia con Alemania (su secular enemigo) y las leyes antisemitas de 1938 le hicieron abandonar el fascismo y depositar su lealtad tan sólo en el rey Víctor Manuel III. En el momento de la rendición italiana se encontraba como diplomático en Budapest, pero a causa de su juramento al rey, se negó a trabajar por la república italiana, lo que le valió varios meses de cárcel.

Escapó en 1943, aprovechando un pase médico se escabulló y se presentó ante la embajada española, donde enseñó un documento firmado por el mismísimo Franco: "Querido camarada: en cualquier parte del mundo que te encuentres, dirígete a las Embajadas españolas". Allí se convirtió, pues, en un ciudadano español, llamado Jorge Perlasca, donde se unió a la labor de Sanz-Briz y otros diplomáticos. Tras la retirada del Ángel de Budapest, las milicias húngaras pretendieron registrar todos los edificios diplomáticos, pero Perlasca se autonombró sucesor de Sanz-Briz y les conminó a suspender el registro, cosa que se hizo. Rellenó de su puño y letra sus papeles como "cónsul español" (con sellos y membretes auténticos) y mantuvo todo el aparato de salvamento durante 45 angustiosos días hasta la llegada del Ejército Rojo, el cual le condenó a trabajos forzados por español y "fascista".

Tras 8 meses logró volver a Italia, donde no contó a nadie sus heroicas peripecias, hasta que en 1990 unas mujeres búlgaras se interesaron por su salvador y le localizaron un año después. Meses después escribió al rey Juan Carlos I de España una carta en la que decía "Ha sido para mí un gran placer trabajar por cuenta de España, país al que siempre me han ligado tantos vínculos, por la salvación de tantas vidas humanas y lamento no haber podido, o sabido, hacer más", muriendo un año después.

Realmente el honor ha sido de España, por haber llevado Perlasca el adjetivo "español" allá por donde fue.


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3 comentarios:

  1. Hernan Concha Quezada15 de febrero de 2012, 9:22

    Debemos agregar también a la corta lista de "Justos entre las Naciones", para no olvidar, al cónsul japonés, en Vilnius, Chiune Sugihara!
    Saludos cordiales
    Hernan C Q

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  2. Tuve el honor de conocer a D. Angel Sanz Briz cuando estuvo de embajador en la Haya. Hombre con coraje, digno de no ser olvidado jamás por su labor en pro de los judios.

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  3. Tuve el honor de conocer a D. Angel Sanz Briz cuando era embajador español en La Haya. Hombre de mucho coraje y salvador de innumerables judíos durante WWII.

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