miércoles, 12 de enero de 2011

El valor de la Libertad

 "La libertad no tiene su valor en sí misma: hay que apreciarla por las cosas que con ella se consiguen". -Ramiro de Maeztu-


Hoy en día nadie duda de lo importante que es la libertad. Es el valor supremo que parece regir nuestras vidas, al que todo ser humano aspira y en el que parece que se encuentra la realización personal y social. La libertad se valora por encima de todo: no hay figura pública que no aparente, como poco, respetarla; nuestras propias leyes y constituciones se amparan en ella, y hasta ciertos dictadores la utilizan para perpetrar sus crímenes. Al parecer, nadie que quiera ser alguien se atreve a desdeñar la fuerza intrínseca de la libertad.



Se han librado guerras, se han sufrido pestes y hambrunas durante siglos para alcanzarla, o eso nos han asegurado. Según nos cuentan, la libertad es sobre lo que se sostiene nuestra sociedad y nuestro sistema político, y por ella hay que darlo todo, incluso la vida. No me parece a mí un asunto que se pueda tomar a la ligera.

Por lo tanto, no puedo evitar ser un impertinente y hacerme una pregunta; ¿Por qué tiene que ser buena la libertad? Al fin y al cabo, acepto que la bondad, el bien en sí mismo, sea bueno, pero ¿la libertad? Al parecer, según se defiende a capa y espada, ser libre es algo así como poder elegir sin cortapisas de ningún tipo, tener la capacidad de tomar un camino u otro, hacer una determinada cosa u otra, realizar algo o no hacerlo… En definitiva, hacer lo que nos dé la gana. Pues bien, eso a mí no me parece bueno o malo en sí mismo. Al fin y al cabo, que alguien ejerza su libertad para ir de misiones lo considero algo digno de alabanza, pero que ejerza esa misma libertad para secuestrar a un niño me resulta, por el contrario, execrable.

En mi opinión, la libertad no es algo más que una simple herramienta del Ser Humano, ni buena ni mala en sí misma. Un destornillador, por ejemplo, es una herramienta, y sólo es valorable conforme al uso que se haga de él: si me dedico a apretar tornillos, cumple su función y me sirve, por lo tanto, es bueno; pero si lo utilizo para amenazar a un transeúnte y robarle la cartera, es malo. Lo mismo ocurre con la libertad tal y como la entendemos, puede ser buena o mala, como una herramienta. Y, sinceramente, a mí me resulta ridículo y hasta peligroso absolutizar algo que es relativo; algo que, por desgracia, ha inundado todas las facetas de nuestra vida y se ha vertebrado como la esencia de la moral actual.

Yo propongo un cambio: no pretendo que la sociedad se vuelva razonable de repente y se reinvente a sí misma, no. Propongo que cambiemos el significado de libertad, que pasemos a entenderla como algo que hay que escribir en mayúsculas, algo bueno per se: Libertad. Propongo que la libertad sea el valor por el cual el Ser Humano pueda elegir sin coacción hacer el bien. Es decir, que sólo es libre aquel que elige la bondad, el buen camino (el que elige a Cristo, al fin y al cabo), mientras que aquel que hace uso de esa elección para hacer el mal no es libre, sino esclavo: esclavo de sí mismo, esclavo del pecado, de la codicia, de la lujuria, de la gula, de la soberbia, de las riquezas, del poder, del sexo, de su familia, de sus empleados, de su perro, de su comida…

En el fondo, la realidad no difiere de mi propuesta: alrededor nuestro podemos observar cómo aquellos que se mueven con fines egoístas son cada vez más codiciosos, más lascivos, etc, dejándose dominar cada vez más por sus pasiones, pierden el control y buscan cada vez más, sin ser conscientes de que cada vez son más esclavos y menos dueños de sí mismos. Cosa que no les ocurre a aquellos que han decidido optar por la elección buena.

De esta manera, evitaríamos el engorro de valorar a gente que hace uso de la libertad (con minúscula) para hacer algo malo, y salvamos la Libertad (con mayúscula) como algo bueno en sí mismo, pudiendo basar nuestra moral y creencias en ella sin cambiarlas ni un ápice. Para mayor claridad propondría renombrar la libertad (con minúscula): podríamos llamarle libertinaje.

No soy, ni muchísimo menos, el primero en ver la Libertad de esta manera, muchos sabios más grandes que yo y que nadie de este tiempo lo propusieron, lo llevaron a cabo y lo vivieron, ayudando de esta forma a mejorar un poquito más nuestro pequeño planeta. Reinventemos, pues, de nuevo, la Libertad.

Por Fëanar

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