En la historia de España hay dos Pedro Serrano realmente desconcertantes, ambos heroicos. Uno es el jinete que murió en 1808 repartiendo por todas partes el bando de Móstoles, aquel que dio la señal para la sublevación contra los franceses. El otro es un marino que naufragó en el Caribe hacia 1526 y que estuvo ocho años, ocho, aislado del mundo en un banco de arena, hasta que un barco que pasaba por allí le rescató. La aventura de este Pedro Serrano, relatada años después por el Inca Garcilaso, causó sensación en su momento. Se da por seguro que Daniel Defoe se inspiró en este Pedro Serrano para escribir su Robinson Crusoe. De él, del náufrago Serrano, hablaremos hoy. No es sólo una historia curiosa: es sobre todo un testimonio muy vivo de cómo era el carácter de los españoles en el siglo XVI y de las enormes dificultades que tuvieron que superar en la conquista de América.