De todas las virtudes de las que puede hacer gala Samsagaz Gamyi, la más destacable de todas es su sencillez, precisamente aquello que lo convierte, a mi entender, en el personaje más grande de la Trilogía de El Señor de los Anillos. Mientras los otros miembros de la comunidad acompañaban y protegían a Frodo por ser el portador del Anillo Único, Sam solo lo seguía por ser él, no por lo que llevaba, y no lo hacía hasta Mordor, sino hasta donde fuese Frodo. Gandalf y Elrond supieron ver sabiamente dentro Sam, y por ello le permitieron unirse a la comunidad. Lo que no sabían es que ninguna decisión del Concilio habría sido capaz de alejarlo de su querido señor Frodo.
Y esta pureza de corazón y rectitud de intenciones, que parecían sencillas en comparación a las de Áragorn (liberar a los hombres y ganarse el derecho a casarse con su amada), la de Boromir (salvar a su patria), o incluso la de Gandalf (ayudar a los pueblos de la Tierra media a derrotar a Sauron), fue lo que permitió que la misión emprendida por Frodo no terminase en un fracaso absoluto.
