Dentro del mare magnum en el que se ha convertido la geoestrategia mundial, con unos Estados Unidos menos líderes que nunca, una feroz Rusia que no ha dudado en despedazar a una Ucrania rebelde y una Unión Europea incapaz de hacer al unísono nada más complicado que quejarse, España ha de buscar rápida y decididamente la forma de afianzar su posición para hacer valer sus intereses y no convertirse en peón de intereses ajenos, asumiendo gravísimas consecuencias a cambio de nada.
La geoestrategia es la ciencia de la realidad, de nada nos sirve apellidar un imperio extinto para que nos respeten; tenemos (no solo el gobierno, sino toda la sociedad) que actuar con inteligencia y constancia y aprovechar cada oportunidad que se nos brinde. De nuestra habilidad y buena fortuna ahora dependerá el destino de nuestros hijos y nietos y cómo deban enfrentarse al futuro mundo multipolar que nos espera.
