¿Cuántas veces hemos oído aquello de la mies es mucha pero los obreros pocos, refiriéndonos a las vocaciones religiosas? Yo ya he perdido la cuenta. Innumerables charlas, sermones, visitas y retiros son el lugar ideal para fomentarlas, bien sea mediante el apostolado directo o mediante la sutil técnica de que uno de ellos (preferiblemente de tu edad y sexo) te cuente su historia y lo realmente feliz que se siente.
Y qué duda cabe que es algo que todos necesitamos ¿Qué sería de la Iglesia y del mundo sin religiosos? Nadie para celebrar Misa, nadie para atendernos espiritualmente, para casarnos, confesarnos, darnos la extrema unción… Nadie para rezar por nosotros. No querría vivir así, la verdad. Es necesario que haya religiosos, es necesario que haya gente que lo deje todo y se entregue a Dios directamente y por completo.










